Llueve por dentro

​Tú no lo sabes, pero la tormenta arrecia en sus pronfundos e inmesos ojos verdes. Han pasado días o, quizás meses, y no ha dejado de llover por dentro ni un solo instante, algunos días parecía cesar pero pronto la nube volvía a romper la aclamada calma. No podía evitarlo, el dolor la consumía poco a poco como si de un simple cigarrillo, de esos Marlboro que a ella le gustan, se tratase.

Incluso, en los días más despejados, esos en los que el sol intenta hacerse hueco entre las densas nubes, el brillo de sus ojos se notaba apagado, sin ganas de nada, sin ganas de vivir. Ya no asomaba el arcoiris en sus vacías pupilas, desoladas a causa del constante mal tiempo.

Se avecinan borrascas, más incluso, y ella rompe en sollozos delante del espejo, se derrumba por dónde nadie sabe verla. El frío es inevitable y sus párpados se cierran para darle cobijo o, al menos, intentarlo.

El viento se lo está llevando todo, excepto lo que duele. Por favor, agarráme fuerte y no me sueltes…

B.

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